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viernes, 30 de agosto de 2013

Descargar Experimento Mortal (Isolation) (2005) [m720p][BDRip][Terror]

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Título original:Isolation
Año 2005
Duración 95 min.
País [Irlanda] Irlanda
Director Billy O'Brien
Guión Billy O'Brien
Música Adrian Johnston
Fotografía Robbie Ryan
Reparto: Essie Davis, Sean Harris, Marcel Iures, Crispin Letts, John Lynch, Ruth Negga, Stanley Townsend
Productora: Irish Film Board
Género: Terror | Animales

Sinopsis
En Irlanda, en una granja remota, un doctor manipula genéticamente a las vacas para tratar de conseguir que éstas nazcan y crezcan más rapidamente. No obstante, el experimento saldrá mal, y un feto se convertirá en una terrible bestia que tratará reproducirse y acabar con la vida de todas las personas que encuentre a su paso... (FILMAFFINITY)




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Descargar Caza al asesino (2013) [DVDRip][Castellano AC3 5.1][Thriller]

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TÍTULO ORIGINAL: The Frozen Ground
AÑO: 2013
GENERO: Intriga. Thriller | Secuestros 
REPARTO: Nicolas Cage, John Cusack, Vanessa Hudgens, Curtis ‘50 Cent’ Jackson, Richard Schiff, Katherine LaNasa, Dean Norris, Radha Mitchell.

SINOPSIS:
Basada en una historia real sucedida en Alaska. Robert Hansen era un hombre que se dedicaba a contratar prostitutas a las que luego secuestraba, torturaba y violaba; después las llevaba a una remota cabaña en su avioneta. Una vez allí, las liberaba para, finalmente, darles caza como si fueran animales. 










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lunes, 24 de junio de 2013

Taquilla USA: Monstruos y zombies

monstersunversitycine


Este pasado fin de semana en la taquilla americana se ha llenado de monstruos que van a la universidad, de zombies que se extienden por el planeta y de alienígenas que intentan salvarlo. Pixar, como siempre ha encabezado el top taquillero, siguen siendo los reyes de la función aunque empiece a notarse cierta crisis creativa. ‘Monstruos University’ (‘Monsters University’, Dan Scanlon, 2013) era una precuela, a mi juicio innecesaria; prefiero ver a la empresa asentada en California metida en proyectos nuevos y no tirando de personajes ya vistos. En cualquier caso el negocio es el negocio y la película es tratada sin demasiada emoción por la crítica mientras que el público votante en la IMDb está bastante satisfecho.


taquillamonstersuniversity


‘Guerra mundial Z’ (‘Warl Word Z’, Marc Forster, 2013) era otro de los estrenos esperados por buena parte del público. Basada en el libro de Max Brooks y protagonizada por Brad Pitt, la película narra una guerra contra los zombies a nivel mundial. Un blocksbuester en toda regla que no desagrada a la crítica y tiene bastante contento al público votante. En nuestro país la veremos a partir del 2 de agosto.


 

Peter Weir: 'El club de los poetas muertos', ¡carpe diem!

El club de los poetas muertos cartel


La intensa experiencia que había supuesto ‘La costa de los mosquitos‘ (‘The Mosquito Coast’, 1986) había dejado a Peter Weir tan exhausto, que los pobres resultados comerciales y críticos que cosechó el filme hicieron honda mella en el ánimo del cineasta. Resuelto no obstante a dejar atrás el varapalo, el australiano decidió escribir una historia sencilla y personal como mejor remedio para encontrar de nuevo su camino, y de esta voluntad saldría el borrador de lo que terminaría convirtiéndose en ‘Matrimonio de conveniencia‘ (‘Green Card’, 1990).


Pero como le había sucedido ya en no pocas ocasiones, Weir no pudo conseguir que el relato de un inmigrante francés que se casa con una norteamericana desconocida para obtener la residencia en Estados Unidos llegara a transformarse en su siguiente filme, dado que el cineasta había escrito el papel de Georges pensando exclusivamente en Gerard Depardieu y éste, aunque tremendamente interesado en interpretar tan vehemente personaje, ya estaba comprometido con Jean-Claude PetitJean-Paul Rappeneau y su magnífica adaptación del ‘Cyrano de Bergeraç‘ (id, 1990) de Edmond Rostand.


El club de los poetas muertos 1


Considerando la opción de pasar el año que tenía que esperar hasta poder contar con Depardieu en pulir el libreto del filme, sería Jeffrey Katzenberg, productor del título, el que impulsaría a Weir a aceptar la dirección de una película con guión ya aceptado por Touchstone —la filial adulta de Disney— para su inminente filmación. Y de entre todos los que leyó, hubo uno que casó a la perfección con el espíritu del director, por cuanto ponía en pie una historia de corte semi-biográfico situada en un colegio privado de similares características a aquél en el que Weir había cursado estudios en su adolescencia.


Identificado en cierto modo con la historia de unos estudiantes a los que la presencia de un revolucionario profesor cambiará sus vidas, e implicado en el rodaje hasta tal punto que John Seale, el director de fotografía que ya había colaborado con Weir en los dos filmes norteamericanos del cineasta, afirmó en su momento que “Peter estaba tan emocionado que odiaba no tener que rodar los domingos”; el proceso de casting de ‘El club de los poetas muertos‘ (‘Dead Poets Society’, 1989) fue tan complejo como el que, catorce años antes, había creado no pocos quebraderos de cabeza al director con ‘Picnic en Hanging Rock‘ (‘Picnic at Hanging Rock’, 1975).


El club de los poetas muertos 2


Contratada ya esa estrella en alza que, gracias a ‘Good morning, Vietnam‘ (id, Barry Levinson, 1987), era Robin Williams —magnífico de principio a fin—, sería labor de Weir encontrar a los siete jóvenes que conformarían la cabeza visible del elenco junto al decano del colegio Welton, papel éste último que iría a parar al veterano Norman Lloyd, un actor que recuerda de forma jocosa que tuvo que hacer una prueba grabada para que el director pudiera verla mientras se encontraba buscando localizaciones, una prueba a la que accedió “porque ese día estaba de buen humor después de haber ganado un partido de tenis”.


Implicado, como decía antes, en todo el proceso de producción, una vez elegidos superada la ardua tarea que fue la elección de los actores que interpretarían a Perry, Anderson, Overstreet, Dalton, Cameron, Meeks y Pitts, y justo antes de comenzar el rodaje, Weir haría las veces de profesor Keating con sus elegidos, encerrándose con ellos dos semanas en un hotel e instándoles a que compusieran poesía, escucharan música de la época, se cortaran el pelo a lo años 50 e, incluso, se lavaran éste con jabón en lugar de champú para así meterse de lleno en los papeles que tendrían que interpretar, recibiendo por parte del director gran libertad a la hora de opinar e improvisar sobre los mismos.


El club de los poetas muertos 3


De naturaleza diametralmente opuesta a su anterior filme en lo que a su personaje central respecta —a lo obsesivo y dictatorial de Ellie Fox se opone la libertad inspiradora de John Keating—, ‘El club de los poetas muertos’ sigue sirviendo a Weir para continuar desarrollando sus personales ejes temáticos, resultando muy evidentes aquí los conflictos entre esos mundos opuestos que reflejan lo constreñido de las leyes del colegio en contraposición a la citada libertad que encarna el profesor, la fundamental importancia con la que éste último se reviste, aunque quede lejos de ser el demiurgo que habíamos visto en ‘La costa de los mosquitos’ o ‘El año que vivimos peligrosamente’ o la economía narrativa de la que el australiano sigue haciendo gala a la hora de plasmar en imágenes el guión.


Con esos mimbres como estructura de apoyo para levantar la cinta, lo que sigue resultando apasionante al aproximarse a ésta es, como ya viéramos en ‘Gallipoli‘ (id, 1981) o ‘Único testigo’, la vital importancia que la imagen y la composición de los planos tiene en la transmisión de ideas que refuercen el mensaje del filme: si del primero destacábamos las repeticiones con las que Weir estructuraba la aventura de Archie y Frank, y del segundo centraba parte del análisis en desgranar las simetrías en las escenas que ahondaban en la imposible historia de amor entre John Book y Rachel, en el filme que nos ocupa es el movimiento de la cámara el que pone en funcionamiento las intenciones de Weir.


El club de los poetas muertos 4


(De aquí en adelante, spoilers) En primer lugar, llaman la atención los vertiginosos movimientos circulares que el director ya había utilizado en filmes anteriores como ‘El visitante‘ (‘The Plumber’, 1979) —donde reflejaba la inestable psique del fontanero— o ‘Picnic en Hanging Rock’, y que aquí parecen querer poner de relieve la inquieta naturaleza de los jóvenes hambrientos de libertad, ya sea cuando los vemos correr bajando la escalera central de la escuela, como cuando Keating espolea al personaje de Ethan Hawke para que de salida a su yo más lírico, momento que es visualizado con un virulento travelling circular alrededor de ambos personajes.


Visualmente opuesta a estos, pero con similares intenciones narrativas, encontramos el movimiento de la imagen sobre el eje vertical para reflejar el cambio de actitud en los protagonistas: aplastados inicialmente por la gravedad de las leyes de la institución en la que estudian, la primera lección que los alumnos reciben de Keating —aquella en la que se los lleva a la vitrina de los trofeos— es introducida con un pronunciado picado que refuerza la impresión de que ninguno de ellos es capaz de plantar cara a los acontecimientos que gobiernan sus existencias, ya sean estos los que les son impuestos por una institución férrea e inamovible en el tiempo, como da a entender la espléndida e ilustrativa secuencia de arranque, ya los que vienen de un padre castrante que ha decidido por su hijo la vida que éste debe llevar.


El club de los poetas muertos 5


En la segunda clase, el punto de vista cambia a una altura intermedia que parece querer situar a los alumnos en un estado de percepción transitorio hacia el de librepensador que su profesor quiere para ellos. Y si en la tercera lección que nos muestra el filme, hemos pasado de un picado a un contrapicado con Keating de pie sobre su mesa, es de cara al emotivo final donde Weir más carga las tintas en esta lectura que se desprende del movimiento de la cámara.


Una lectura que, en dicha escena, queda reforzada sobremanera por la partitura de Maurice Jarre ya que, antes del clímax, el compositor habrá acompañado al personaje de Neal Perry del motivo que aquí desarrollará de forma espectacular, transfigurando su significado inicial para pasarlo de la breve esperanza de cambio que las bellas pero tímidas notas comportan para dicho personaje, al total triunfo sobre las anquilosadas reglas del centro que dimana de la poderosa imagen de los alumnos sobre sus pupitres y las gaitas sonando a pleno pulmón.


En este sentido, el enmarcado final del rostro de Ethan Hawke es la prueba más tangible del cambio que se ha operado sobre los chavales: tímido y retraído al comienzo del filme, el personaje de Anderson, movido por la muerte de su amigo y por la inspiración de Keating, ha pasado a ser la máxima expresión de la filosofía de ruptura con el establishment impartida por el profesor, y en aquél que mejor ejemplifica la afirmación “no importa lo que os digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo“ con la que éste espoleaba a su clase y, por extensión, al público que en 1989 recibió entusiasmado las magistrales lecciones de Weir.



 

Placeres culpables: 'Twister' de Jan de Bont

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Un año antes de que James Cameron revolucionase por segunda vez el mundo de los efectos visuales, y en plena efervescencia de cine de catástrofes, Jan de Bont dirigía su segunda película tras el efectivo entretenimiento que supuso ‘Speed’ (id, 1994) —esa película en la que habría salido mucho más barato pagar al terrorista que todos los destrozos que provocan en su captura—, y que supuso el primer gran blockbuster de éxito justo antes de empezar la época veraniega en Estados Unidos. Un éxito a mi parecer merecido por cuanto el film, a pesar del despropósito que puede suponer en su premisa, representa lo más básico del cine de entretenimiento.

Jan de Bont empezó siendo director de fotografía en los años 60 en el cine holandés estrenándose a mediados de los ochenta en la muy olvidable ‘La joya del Nilo’ (‘The Jewel of Nile, Lewis Teague, 1985) para acabar luciéndose en films más importantes como ‘Jungla de cristal’ (‘Die Hard’, 1988) o ‘La caza del octubre rojo’ (‘The Hunt of the Red October’, 1990), ambas dirigidas por John McTiernan; y para Paul Verhoeven, con quien trabajó también en Europa, realizó uno de sus mejores trabajos en ‘Instinto básico’ (‘Basic Instinct’, 1992). Como director ya no tiene tan buena mano y sólo sus dos primeras películas merecen salvarse de la quema. Sobre todo la que nos ocupa, en la que un personaje muy secundario se quedó para siempre grabado en nuestra retina: una vaca.

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El guión de ‘Twister’, en el que metió mano el hoy laureado Joss Whedon, no es gran cosa. Michael Crichton y Anne-Marie Martin escribieron un libreto en el que las fuerzas de la naturaleza, en este caso los tornados actuaban como alegoría a la relación personal entre los dos protagonistas/antagonistas —unos muy efectivos Bill Paxton y Helen Hunt, un año antes de ganar su Oscar por ‘Mejor imposible’ (‘As Good As It Gets, James L. Brooks, 1997)— y que curiosamente son expertos en tornados, aventureros que pasan su vida analizando el interior de esas bestias de la naturaleza para poder determinar los orígenes de las mismas y poder prever el momento en el que aparecerán. Y ya. El resto es un de aquí para allá, casi como si se tratase de una mini road movie.

Es cierto que nos hallamos ante un blockbuster en toda regla. Una producción del siempre inteligente Steven Spielberg destinada a romper taquillas. No engaña a nadie, pero sin embargo, siendo consciente de sus limitaciones y de lo que es, creo que ‘Twister’ juega con honradez sus cartas. Hay exageraciones, cómo no, y excusas argumentales de manual. Ahí tenemos el típico trauma infantil, en este caso sufrido por el personaje de Jo (Hunt) que siendo niña vio como un tornado le arrebataba a su padre; o esa parte final en la que la pareja protagonista tendría que haberse ido al otro barrio pero salvan el pellejo porque el amor debe triunfar aunque para ello deban atravesar la catártica situación de encontrarse en el mismo centro de un tornado.

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Pero qué narices, la película entretiene lo suyo gracias a un ritmo frenético que no da respiro al espectador, y eso que sólo nos estamos tragando a gente corriendo de un lado para otro en busca de tornados. Jan de Bont dirige con nervio, consciente como pocas veces en su carrera de que la puesta en escena lo es todo. Que el director cuente en la fotografía y el montaje con los nombres tan prestigioso de Jack N. Green —habitual colaborador de Clint Eastwood durante muchos años— y Michael Kahn, a quien Spielberg conoce muy bien, no es casualidad, son los dos elementos mejor tratados de la cinta. Green va oscureciendo muy sutilmente los tonos del film, acorde con lo que vendrá, y el montaje es simple y llanamente una lección, aguantando los planos el momento justo sin que la acción parezca en ningún momento atropellada.

Hay además en ‘Twister’ pequeños elementos que a mí particularmente me gustan bastante. Por ejemplo el carácter grupal de los personajes como si se tratase de una historia a lo Howard Hawks, quien muy seguramente amaría a estos cazadores de tornado, todos con caracteres amables, algo locos, y que lo darían todo por su compañero. Al frente, un personaje también muy hawksiano; una espléndida Helen Hunt como Jo, la que manda en el grupo, una mujer de carácter fuerte que bien podría recordar algunos papeles de Jean Arthur. El conflicto entre los tres personajes a los que dan vida Hunt, Bill Paxton —demostrando que podría haber sido una estrella— y Jami Gertz tiene su base en historias como la de ‘Luna nueva’ (‘His Girl Friday’, Howard Hawks, 1940) —y cito esta por tratarse de la versión más conocida de la obra de Ben Hetch y Charles MacArthur—, demostrando lo bien que se asienta en contextos diferentes.

'The Trip' tendrá secuela

Imagen de 'The Trip'


Mi compañero Juan Luis nos comentó a finales de mayo sus impresiones sobre ‘The Trip‘ (id, Michael Winterbottom, 2010), una singular road movie cargada de humor que le permitió pasar un buen rato. ‘The Trip’ llegó a nuestro país con un par de años de retraso respecto a su estreno en otros países y esperemos que no suceda lo mismo con ‘The Trip to Italy‘ (id, Michael Winterbottom, 2014), la secuela que ya está rodándose en el país transalpino.


Como su propio título indica, en esta ocasión Steve Coogan y Rob Brydon viajarán a Italia para mostrarnos la belleza de lugares como Roma o La Toscana al mismo tiempo que intentarán arrancarnos varias carcajadas ya sea echando de mano de imitaciones de famosas personalidades del mundo del cine o creando humor a partir de lo que se tercie. Además, Michael Winterbottom también repite tras las cámaras, por lo que todo parece encajar para que ‘The Trip to Italy’ no tenga nada que envidiar a su predecesora.


PD: Si queréis probar suerte con otra cinta en la que participa el mismo trío, os recomiendo darle una oportunidad a la caótica y divertidísima ‘Tristram Shandy: A Cock And Bull Story‘ (id, Michael Winterbottom, 2005).


 

'Antes del amanecer', el comienzo de Jesse y Céline

antes del amanecer

El próximo 28 de junio llega a las pantallas españolas ‘Antes del anochecer’ (‘Before Midnight’) la tercera y ¿última? parte de la historia que Richard Linklater empezó en 1995, con ‘Antes del amanecer’, una película muy pequeña con tan solo actores que terminó convirtiéndose en película de culto para muchos. Aprovechando el estreno de esta última entrega, me ha dado por revisionar las dos anteriores cintas para analizar en profundidad esta trilogía sobre el amor, las relaciones de pareja y el paso del tiempo.

Un tren recorre Europa con destino a París. Jesse es un americano que viaja por Europa en solitario después de un desegaño amoroso. Céline, francesa, regresa a París tras visitar a su abuela en Budapest. Dos jóvenes desconocidos que se encuentran en un tren y deciden pasar una noche juntos en Viena. Esta es la premisa de ‘Antes del amanecer’, el comienzo de una de las mejores historias de amor del cine actual.

antes del amanecer

Es muy difícil, habiendo visto las tres películas, hablar de ellas individualmente ya que a estas alturas, ya conocemos la historia completa de esta pareja y su historia de amor increíble. Tal como haría François Truffaut con Antoine Doinel, Richard Linklater nos presenta a estos dos personajes tan diferentes en apariencia a lo largo de los años, contándonos su historia con nueve años de diferencia, consiguiendo que el espectador rellene los huecos sin esfuerzo. Pero no adelantemos acontecimientos. En ‘Antes del amanecer’, Jesse y Céline se acaban de conocer. Tienen 23 años, la ciudad de Viena a sus pies y toda una vida por delante que planear.

Y es que el primer encuentro de Jesse y Céline va de eso, de la juventud y como estos dos personajes se enamoran irremediablemente en una noche. ‘Antes del amanecer’ no sólo cuenta esa historia que todos hemos querido vivir alguna vez y que es la culpable de que a más de uno nos encante viajar en tren, sino también el retrato de una etapa en la vida: el momento en el que pasas a ser adulto y lo que va a ser realmente tu vida que está apunto de empezar. Jesse y Céline tienen diferentes formas de entender la vida, pero les une sus expectativas por la vida que les espera y por conocer cómo será su futuro.

ethan y julie

Así es exactamente el comienzo de la historia de amor de Jesse y Céline: juvenil, imprevista, apasionada y aunque no lo quieran reconocer, llena de expectativas y de promesas que no cumplirán —aunque ellos no lo saben—. Una historia con final abierto en la que es el espectador y su posición escéptica —o no— ante el amor, decidirá si los protagonistas volverán a encontrarse. La solución la tendríamos justo nueve años después con ‘Antes del atardecer’, de la que os hablaremos en los próximos días.

Es cierto que ‘Antes del amanecer’ puede parecer para muchos una película aburrida y ‘moñas’ en la que sólo vemos a dos pipiolos hablar, hablar y hablar, sobre la vida de los personajes, sus familias, su pasado…pero lo cierto es que retrata a la perfección esos primeros encuentros y concersaciones entre dos personas que quieren conocerse. Unas conversaciones que van evolucionando y volviéndose más íntimas a medida que la pareja se conoce y sin caer nunca en el tópico de las comedias románticas a las que estábamos acostumbrados en la época y que consigue que el espectador quede prendado de esta pareja y su juego de miradas y caricias leves. Un juego torpe, inexperto e ingenuo que resulta ser un retrato tanto de esa etapa de la vida como de la fase en la relación de pareja.

before sunrise julie e ethan

Sin duda, una de las cosas más interesantes de la película es su espíritu indie. En el 95, el cine indie estaba en pleno apogeo y en la cinta de Richard Linklater se respira ese espíritu que empezaba a asentarse: bajo presupuesto, sólo dos actores y nada de artificios, sólo una cámara siguiendo a nuestros protagonistas por las calles de Viena. Y es que Viena llega a convertirse en un personaje más de la película. Jesse y Céline recorren la ciudad a sus anchas y la van descubriendo a la vez que se van descubriendo a sí mismos y el uno al otro, y de paso, al mismo tiempo que el espectador descubre los encantos de la capital austríaca.

Pero sin duda, la romántica atmósfera que envuelve a la película no sería lo mismo sin sus dos protagonistas, los interesantes Julie Delpy e Ethan Hawke, que nunca han estado —ni estarán— mejor que en esta trilogía. La complicidad entre los dos intérpretes se ve a la legua y el trabajo de improvisación —de hecho, firman el guión junto a Linklater— es más que admirable, tanto que consiguen que Jesse y Céline pasen a convertirse en esa pareja de amigos que te cuenta una historia increíble sobre cómo se conocieron y de los que quieres saber todo. Por suerte, Linklater fue bueno con nosotros y nos contaría el resto de la historia en dos otras películas.