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viernes, 21 de junio de 2013

Richard Donner: 'Arma letal 4', demasiado viejos para esta mierda

Arma letal 4 cartel

Warner tenía problemas. Era así de simple. Durante 1997, un grupo de filmes de gran presupuesto, entre los que se incluían la infumable ‘Batman y Robin‘ (‘Batman and Robin’, Joel Schumacher) y la reivindicable ‘Mensajero del futuro‘ (‘The Postman’, Kevin Costner) habían supuesto sonoros fracasos para el estudio, erosionando la impecable trayectoria de Bob Daly y Terry Semel, los dos mayores valedores de Richard Donner dentro de la major.

Un hecho que se vería agravado tanto por la demanda interpuesta contra el dúo por Francis Ford Coppola —por aquél soñado proyecto del realizador de filmar una versión en imagen real de ‘Pinocho‘— como por los 40 millones de dólares que fueron a parar al desaguisado de ‘Superman lives‘ toda vez que Tim Burton y Nicholas Cage se apearon del proyecto. Estaba claro que Warner necesitaba un blockbuster para el verano de 1998. Y éste llegaría de la mano de Richard Donner.

Arma letal 4 I

Habían pasado ya seis años desde ‘Arma letal 3’ (‘Lethal Weapon 3’, 1992) y para poder llevar a cabo la cuarta entrega de la saga de acción Warner se vería obligada a superar no pocos obstáculos dado el estrecho margen de tiempo en el que tendría que llevarse a cabo la producción del filme, necesitando la productora mover muy rápido sus hilos si quería dar luz verde a la película antes de que finalizara 1997. Entre los obstáculos a superar dos se planteaban como los más importantes, poder vencer las reticencias de Mel Gibson a repetir su papel de Martin Riggs o la negativa de Donner a rodar una nueva incursión en el universo que él había creado una década antes sin contar con un guión creíble.

Tras muchas negociaciones, los 20 millones de dólares de sueldo y el 17% sobre los beneficios ofrecidos a la estrella fueron más que suficientes no sólo para convencer a Gibson sino para que Glover, Russo y Pesci —que cobró 3 millones por tres semanas de rodaje— estuvieran encantados de volver a repetir sus papeles de Murtaugh, Lorna y Leo Getz. Convencer a Donner fue tarea de un equipo de cuatro guionistas que desarrollaron diferentes tratamientos sobre la idea inicial del cineasta de que la cinta girara en torno al tráfico de inmigrantes. Y aunque no estaría terminado a tiempo antes de que los estudios dieran luz verde a la producción, el potencial que Donner percibió en el libreto de Channing Gibson fue suficiente argumento para convencer al realizador de las posibilidades de la cinta.

Arma letal 4 II

Arrancando en enero de 1998, lo inusual del limitado tiempo que se tendría para poder levantar una cinta de tan elevado presupuesto queda explicado en parte porque, gracias a que todos los efectos visuales fueron rodados in-situ y se prescindió del uso del ordenador, la post-producción fue muy rápida. Pero ello no significó, ni mucho menos, que el rodaje fuera un proceso sencillo, encontrándose Donner con una constante traba que le reportó no pocos quebraderos de cabeza y que, además, terminó trascendiendo al producto final: el guión, o quizás sería mejor decir, la ausencia del guión.

Confío en que tendré un guión finalizado para cuando termine el rodaje

En estos términos se expresaba Donner constantemente durante los cuatro meses en los que se prolongó la filmación, dado que en ellos fueron permanentes las reescrituras del libreto, debidas sobre todo a la entrada a última hora del personaje interpretado por el irritante Chris Rock, que obligaría a Gibson —el guionista, claro está— a estar a todas horas en las diferentes localizaciones para escribir o retocar escenas destinadas a rodarse al día siguiente o, en ocasiones, al cabo de pocas horas.

Y si bien hemos comentado en muchas de las entradas de este especial que Donner es un realizador que siempre ha promovido la improvisación en los actores, el no tener un guión sobre el que basar esta improvisación termina provocando que, al ver el filme, la sensación de estar ante un cadáver exquisito cosido de cualquier manera sea demasiado molesta como para ser ignorada.

Arma letal 4 III

De un prólogo que nada tiene que ver con el resto de la trama —y con el que Donner quería rendir homenaje en cierto modo a las películas de Bond— el metraje va saltando de set-piece en set-piece sin que el esqueleto que sirve de sustento a las mismas tenga el más mínimo interés, máxime cuando un alto porcentaje de éste basa su efectividad en el limitado humor del que hace gala la cinta, ya sea por mano de unos agotadores Joe Pesci o Chris Rock, ya por lo desgastado de la química entre Gibson y Glover, que para nada funciona como lo hacía en las entregas anteriores.

Por mucho que las escenas entre los dos protagonistas intenten rescatar la sinergia que ambos habían demostrado tener antaño, todo sabe a manido, y la inclusión del hierático villano interpretado por Jet Li —que tuvo que ralentizar sus movimientos de artes marciales para que a Mel Gibson le diera tiempo a memorizarlos de cara a las coreografías— solo agrava la agridulce sensación que desprende todo el conjunto: si de una parte este “último” encuentro con los personajes es en ciertos momentos la despedida perfecta de los mismos, de la otra el halo de agotamiento que dimana del metraje y el pésimo sentido del humor del que hace gala el guión empañan las (pocas) buenas impresiones que sus clásicas secuencias de acción y el emotivo final provocan en el espectador.

Arma letal 4 IV

Con sus 130 millones de recaudación en Estados Unidos —y 285 a nivel mundial— ‘Arma letal 4‘ (‘Lethal Weapon 4’, 1998) terminó siendo lo que la Warner esperaba de ella, el filme más taquillero de la productora en 1998. Y aunque las críticas no fueron al compás de la taquilla —¿alguna vez lo hacen?— la apuesta de Daly y Semel había quedado plenamente satisfecha. Ello no sirvió, sin embargo, para que los vientos de cambio que soplaban sobre Warner se concretaron en el cambio de poderes que supuso la entrada de Alan Horn como nuevo presidente de la compañía.

Este cambio incidiría de forma directa en la longeva relación de Donner con la Warner, variando por completo su status de director estrella en una política que supondría el final de toda una era. Como también lo sería el hecho de que ‘Arma letal 4’ se convirtiera en la última colaboración entre Joel Silver y Richard Donner debido a irreconciliables diferencias que la década transcurrida desde ‘Arma letal‘ (‘Lethal Weapon’, 1987) sólo había empeorado. Todo comenzaba pues a disponerse para el final de la carrera de un director que marcó una época y a varias generaciones de cinéfilos.

Richard Donner: 'Conspiración', diversión con Dick y Mel

Conspiracion cartel

Recién salido del desastre que había sido ‘Asesinos’ (‘Assassins’, 1995), Richard Donner volvía a tener sobre su mesa varias opciones en las que poder centrarse de cara a su futuro más inmediato como realizador. En primer lugar estaba ‘The sea kings‘, un filme de piratas escrito por William Goldman con Barbanegra como protagonista que llevaba casi dos décadas dando vueltas por los estudios de Hollywood sin que ninguno se decidiera a financiarla. Pero con los fiascos de ‘Waterworld‘ (id, Kevin Reynolds, 1995) y ‘La isla de las cabezas cortadas‘ (‘Cutthroat Island’, Renny Harlin, 1994) aún muy recientes en la memoria de la meca del cine, estaba claro que no era el momento de embarcarse en otro filme en alta mar.

La atención de Donner se desviaría entonces al drama deportivo ‘Playing hurt‘, un filme centrado en las aventuras de un equipo profesional de fútbol americano que, tras la marcha del cineasta, terminaría convirtiéndose en ‘Un domingo cualquiera‘ (‘Any Given Sunday’, 1999) de la mano de Oliver Stone, conservando Donner, que ya había empezado a desarrollar ideas, crédito como productor ejecutivo. El responsable de que Donner se alejara de la cinta había sido Brian Helgeland, el guionista que había pulido el libreto de los Wachowski para ‘Asesinos’ y que andaba dando los últimos retoques a un thriller llamado ‘Conspiración‘ (‘Conspiracy Theory’, 1997) que inicialmente el cineasta consideraría más apto para la televisión que para el cine.

Conspiracion 1

Convencido por Joel Silver de lo contrario, lo que la cinta necesitaba, según director y productor, era una pareja de estrellas a prueba de bombas que sirvieran de reclamo sobre la historia de un paranoico taxista que cree que todo lo que sucede en el mundo forma parte de diversas conspiraciones hasta que un buen día una de ellas comienza a hacerse demasiado real y su vida, y la de la abogada de la que está enamorado en secreto, empiezan a correr grave peligro.

Recién salido de la oscarizada ‘Braveheart‘ (id, 1995) y con ‘Rescate‘ (‘Ransom’, Ron Howard, 1996) aún pendiente de estreno, Mel Gibson no tenía ninguna prisa en dar su brazo a torcer para protagonizar el proyecto que sus amigos Dick y Joel tan efusivamente le estaban vendiendo. Convencidos de que necesitaba un pequeño empujoncito para decidirse, Silver se llevó a un equipo de carpinteros a las oficinas de Icon —la productora de Gibson— y “amenazó” al actor con clavarlo a la pared si no aceptaba participar en el filme. Noventa minutos después, la estrella claudicaba y la cinta ya tenía a su primer protagonista. Pero faltaba la segunda.

Conspiracion 2

Aunque la idea de trabajar con Gibson le atraía, así como la de ponerse a las órdenes de Donner, Julia Roberts también mostró ciertas reticencias iniciales a trabajar en el filme. Y como ya habían hecho con el que sería su partenaire, el tándem formado por director y productor, con la adición del protagonista masculino, citaron a la actriz en la suite del hotel neoyorquino donde se alojaba Donner y, tras una encerrona en la que le comunicaron que no la dejarían salir a no ser que su participación estuviera confirmada, Roberts espetó un “¡Qué demonios!” para que, acto seguido, una banda musical entrara en la habitación tocando una victoriosa marcha.

(A partir de aquí, spoilers) Con las dos estrellas a bordo, y la adición de Patrick Stewart en el papel del Dr. Jonas, el villlano del filme, las positivas prospecciones sobre el éxito del mismo parecían garantizadas por una trama que conectaba con el imaginario del público norteamericano a través de las teorías conspiranoicas que tanto gustan al otro lado del charco. Pero para Donner, el encanto real de la cinta residía en la inusual historia de amor que presentaba el guión de Helgeland entre Jerry Fletcher y Alice Sutton.

Conspiracion 3

Frases como “el amor te da alas” o “el amor permite que veas cosas que no verías normalmente” se habían ganado al romántico empedernido que, en alguna ocasión durante este especial, he dicho que siempre ha sido Donner, y el director veía la película no como un thriller o un filme de acción sino como un romance poco convencional a la manera de lo que en su momento había sido ‘Lady halcón‘ (‘Ladyhawke’, 1985) —filme que, en uno de esos guiños visuales que al director tanto gustan, se proyecta en un cine en el que se esconde Jerry huyendo de los “malos“—.

Con un rodaje que transcurrió, como ya pasara con el de ‘Maverick’ (id, 1994), entre las constantes bromas de Mel Gibson para con su co-estrella —el primer día de rodaje el actor le mandó a Roberts una suntuosa caja de regalo que contenía una rata congelada—, ‘Conspiración’ pone de nuevo de manifiesto la merecidísima reputación de Donner como director de actores, una fama ganada a pulso con los años gracias al respeto con el que el cineasta siempre ha tratado a sus estrellas, apoyándolas en todo lo que necesitan y, en no pocos casos, actuando como una figura paternal.

Conspiracion 4

Y eso es algo que, en cierto modo, todas las cintas del realizador en general y ‘Conspiración’ en particular han terminado mostrando: una buena parte de la química que se crea entre Gibson y Roberts desde el primer momento en que comparten plano es responsabilidad de un director que, como ya hemos visto muchas veces antes, hace de la claridad narrativa su mayor virtud —vuelven a ser brillantes las contadas secuencias de acción— de cara a un filme que, no obstante, aqueja evidentes dolencias en lo que al desarrollo de la trama se refiere.

La principal de éstas es que con la superabundancia de giros de guión y personajes que no son quiénes dicen ser, que la historia se lea a la legua disminuye de forma ostensible su capacidad para sorprender al espectador, algo que se hace dolorosamente obvio en una escena final que, curiosamente, no fue la única rodada por Donner. Amante de los finales felices, la conclusión que pudimos ver en los cines —que fue la que más gustó en los tests de audiencia— nada tenía que ver con el otro que Helgeland tenía pensado, uno en el que Jerry moría confensándole a Alice que, efectivamente, él había sido el asesino de su padre.

Presupuestada en 75 millones de dólares —a los que habría que añadir los gastos de promoción— los 76 que recaudaría en Estados Unidos no fueron suficientes para que ‘Conspiración’ resultara la rentable apuesta que la Warner había creído tener entre manos y, una vez más, Donner se encontraba en el centro de un huracán sobre el que llovían críticas no muy halagüeñas tachando al filme de “implausible e insastifactorio”. Con todo, la labor de un excelso Mel Gibson y una espléndida Julia Roberts consigue cargar sobre sus espaldas las debilidades de una cinta que, aun a pesar de su prolongado metraje, logra entretener al respetable. Ojalá pudiera afirmar lo mismo de lo que se nos viene encima…

martes, 18 de junio de 2013

Richard Donner: 'Maverick', el western y la comedia grandes amigos son

Maverick cartel

Hago lo que tenga que hacer para seguir adelante y llegar a la siguiente. Nunca sabes si te van a volver a contratar, y piensas constantemente que este va a ser el último trabajo que vas a tener. Lo juro por Dios, te vuelves tan inseguro que terminas creyendo que van a olvidarse de tu nombre…Es un negocio muy extraño.

Richard Donner

El verano de 1992, el año que tan desastrosamente había comenzado para el cineasta con ‘La fuerza de la ilusión‘ (‘Radio Flyer’, 1992), le presentó a Richard Donner múltiples opciones para dar continuidad a su carrera de entre las cuales ‘Liberad a Willy‘ (‘Free Willy’, Simon Wincer, 1993) sería la que más llamaría la atención del realizador: una historia que resonaba con fuerza en las firmes creencias de defensa de los animales de Donner —que siempre que ha podido ha metido referencias en sus cintas contra, por ejemplo, el uso de las pieles como prenda de vestir— y que además hubiera supuesto una nueva oportunidad para rodar un filme con un niño de protagonista.

Pero si algo había aprendido de forma dolorosa Donner tanto con ‘La fuerza de la ilusión’ como con ‘Max’s bar‘ (‘Inside Moves’, 1980) es que no debía atarse a proyectos en los que pudiera estar emocionalmente implicado o que presentaran un potencial riesgo comercial. El apetito del realizador había cambiado para querer alimentarse exclusivamente de blockbusters y en ‘Liberad a Willy’ se daban la mano de manera más que obvia los dos factores anteriores citados.

Implicado también momentáneamente en ‘Dragonheart‘ (id, Rob Cohen, 1996), sería la marcha del proyecto de su estrella inicial —Harrison Ford— lo que provocaría la pérdida de interés del mismo. Y mientras su atención se centraba en el PETA, la defensa de los animales y toda la parafernalia que rodeó al estreno de ‘Liberad a Willy’ —filme que terminarían produciendo él y su esposa—, sería su amigo Mel Gibson el que le propondría viajar al oeste para participar en un torneo de póker que se terminaría materializando en su siguiente película, la simpatiquísima ‘Maverick‘ (id, 1994).

Maverick 1

A principios de los noventa, y gracias a dos magistrales títulos llamados ‘Bailando con lobos‘ (‘Dances with Wolves’, Kevin Costner, 1991) y ‘Sin perdón‘ (‘Unforgiven’, Clint Eastwood, 1992), el western parecía estar viviendo un revival del que muchos intentaron aprovecharse con desiguales resultados. Queriendo cambiar de tono tras la seriedad que comportaría su magnífico debut con ‘El hombre sin rostro‘ (‘The Man Without a Face’, 1993), Mel Gibson no dudó ni un momento en las posibilidades que se escondían tras la idea de Bruce Davey, su socio en la producción del filme, de actualizar la divertida serie de televisión ‘Maverick‘ (id, 1957-1962).

La idea se vendió sola a una Warner que todavía tenía muy reciente el inmenso éxito de ‘El fugitivo‘ (‘The Fugitive’, Andrew Davis, 1993), y el desarrollo de la misma fue rápido como la pólvora, contando para escribir el guión con el legendario William Goldman y para dirigir un libreto que resultaría ser una espléndida mezcla de humor y acción con un Richard Donner encantadísimo de que su siguiente proyecto tuviera todas las papeletas para ser un éxito casi asegurado.

A estas alturas, y habiendo conseguido lo que había logrado a lo largo de su trayectoria, lo único que le importaba al realizador era seleccionar proyectos que fueran divertidos y tuvieran el potencial de levantar el ánimo a la audiencia, y ‘Maverick‘ (id, 1994) iba a reportarle precisamente eso, diversión a raudales.

Maverick 2

Inicialmente escrito como un personaje de la misma edad que el de Brett Maverick, un jugador de cartas profesional que se las verá y deseará para poder llegar con vida a una timba de póker cuyo premio de medio millón de dólares es codiciado por muchos, el Marshal Zane Cooper fue envejecido por Goldman cuando Paul Newman mostró inusitado interés por el papel. Pero por más que el nombre de Newman hubiera jugado a favor del filme, el abandono del veterano actor supuso un alivio para Donner y Gibson, por cuanto por todos era conocida la rigidez de Newman a la hora de actuar, una rigidez que se oponía completamente al gusto por la improvisación del director y su estrella.

Como afirmaría Donner en aquellos momentos “(…)no queríamos ofrecérselo a James Garner por miedo a ofenderle. A fin de cuentas, el fue el tipo que creó el personaje , ¿cómo íbamos a pedirle pues otra cosa que no fuera interpretar a Maverick?”. Afortunadamente, Garner aceptó encantado, y la cinta se benefició sobremanera por la adición de un actor cuya química con Gibson es inmediata, algo que también podríamos afirmar, y quizás con mucha mayor contundencia, de la que se crea, desde el primer momento en que comparten plano, entre el actor australiano y Jodie Foster.

Papel para el que se había pensado en Meg Ryan o Kim Basinger, la explosiva mezcla entre cándida inocencia y sexualidad arrebatadora que la espléndida actriz aporta al papel de Anabelle Bransford, una timadora aún más experta que Maverick, es sin duda alguna una de las mejores bazas de un filme que, con su trío principal completado, contaría con múltiples cameos que se cuentan entre los momentos más hilarantes del metraje, ya sea por mano de Margot Kidder, Corey Feldman o Danny Glover, éste último en el momento más antológico de toda la acción.

Maverick 3

Un acción que, apartándose conscientemente del esquema non-stop de su anterior película, no renuncia, no obstante, a la inclusión de una espléndida set-piece intermedia en la que Maverick tiene que tomar el control de una diligencia cuyos caballos galopan desbocados: una vez más, la claridad narrativa del cineasta aunada con el magnífico trabajo de edición de Stuart Baird, logra demostrar que a la hora de plasmar acción en la gran pantalla, pocos cineastas han habido en las últimas décadas con las ideas tan bien ordenadas como Richard Donner.

Con un rodaje que discurrió entre mil y una bromas y con la improvisación alentada de forma constante por el director, Donner se obstinaría, para quebradero de cabeza de Vilmos Zsigmond, el director de fotografía, en rodar la partida final con tres cámaras, intentando no perderse ninguna de las espontáneas e irrepetibles reacciones de los actores, llegando al punto de que, en ciertos momentos, según declaraba Zsigmond “había lentes de medio y primer plano enfocadas en Mel”.

Y llegó el momento que el cineasta había aprendido a temer tras los nefastos resultados que había dado en ‘La fuerza de la ilusión’, el del pase previo: con salidas de la sala al rato de empezar la proyección, a Donner le quedo claro que tenía que recortar un filme cuya duración original superaba las dos horas y media, y en la sala de montaje se perdió para siempre algo más de media hora en la que iba incluida una secuencia que reunía a Gibson con Linda Hunt una década después de que ambos intervinieran en ‘El año que vivimos peligrosamente‘ (‘The Year of Living Dangerously’, Peter Weir, 1982).

Maverick 4

Pulido el metraje, el sexto western más taquillero de la historia recibiría favorables críticas de la prensa especializada, algo que llevaría a Donner a afirmar “(…)Mucha gente está viendo esta película como lo que es, una road-movie(…)Lo que estamos tratando de decir con ella es ‘sal del cine y siéntete bien’. No es Shakespeare. Es entretenimiento y nada más”.

En efecto, ‘Maverick’ es un puro y placentero entretenimiento que se disfruta de principio a fin y que queda muy por encima de la media de lo que el cine de palomitas suele ofrecer gracias a, de nuevo, la extraordinaria labor de director y reparto —no lo he nombrado antes, pero Alfred Molina se sale como villano de la acción— seguida, a la misma altura, por el magnífico trabajo de Tom Sander en el diseño de producción y del citado Zsigmond en una fotografía que crea el ambiente perfecto para que el espectador pueda trasladarse al lejano oeste.

Un lejano oeste al que la cinta rinde constante homenaje con incontables guiños hacia el género y la aparición de eternos secundarios del mismo y que, en la humilde opinión del que esto suscribe, nunca ha resultado más divertido.

jueves, 13 de junio de 2013

Richard Donner: 'Arma letal 3', cobremos nuestros cheques y a casa

Arma letal 3 cartel
Durante el tortuoso proceso que fue la post-producción de ‘La fuerza de la ilusión‘ (‘Radio Flyer’, 1992), muchos fueron los rumores que apuntaban a que Richard Donner estaba desarrollando un guión de Shane Black inspirado en la serie de televisión ‘Jim West‘ (‘The Wild Wild West’, 1965-1969), una serie de la que Donner había dirigido el episodio piloto y otros cuatro allá por mediados de los sesenta y que aquí retomaría contando de nuevo con Mel Gibson como protagonista.

miércoles, 12 de junio de 2013

Richard Donner: 'La fuerza de la ilusión', maridaje imposible

La fuerza de la ilusion cartel
Desde el momento en que empiezas a rodar una película con el equipo y el reparto, se forma una familia. Esta la llegamos a sentir como una muy armoniosa, y muchas de las buenas vibraciones llegaban de la forma en la que Dick se relacionó con los chicos. Era comprensivo con ellos. Los retaba pero al mismo tiempo era paciente y casi como un padre con ellos. Y ellos lo adoraban.
Lauren Shuler Donner