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sábado, 15 de junio de 2013

Cines del Sur 2013 | 'It Was Better Tomorrow', de Hinde Boujemaa, y 'Beijing Flickers', de Zhang Yuan

Carteles de It Was Better Tomorrow y Beijing Flickers

Tras la estupenda jornada anterior, los dos siguientes títulos de la sección oficial —compuesta por nueve largometrajes— bajaron el nivel de la 7ª edición del festival de Granada Cines del Sur. Noté algo más de público en el Teatro Isabel la Católica, parece que poco a poco se está extendiendo el mensaje, lástima que sea un poco tarde… Antes de entrar en materia quiero matizar un comentario que hice sobre las presentaciones de las películas; corren a cargo de Gloria Fernández y Mirito Torreiro, y escuchar al segundo es un placer, habla de cine con sabiduría y un contagioso entusiasmo.

La realizadora tunecina Hinde Boujemaa aspira a conseguir la Alhambra de Oro con el único documental en competición, ‘It Was Better Tomorrow’ (‘Ya Man Aach’, 2012). A partir de la dramática historia de una compatriota, Boujemaa intenta analizar el verdadero impacto de la revolución que estalló en su país en diciembre de 2010 y que acabó con la dictadura. ¿Hasta qué punto ha cambiado la situación en Túnez con la democracia?, se pregunta la autora. Aida, la protagonista del film, responde a la cámara con rotundidad: todo sigue igual. Ningún partido político se interesa por las necesidades de la gente como ella, los pobres y los enfermos.

La película arranca con esta mujer intentando derribar la puerta de un domicilio. Uno piensa que es el suyo, que se han dejado las llaves dentro o algo así; pronto descubrimos que Aida intentaba colarse, desesperada por disponer de un techo para ella y sus hijos. No tiene trabajo y vive en la calle, a pesar de encontrar hogares y edificios deshabitados, algunos desde hace años. Por supuesto, las autoridades no le permiten ocupar esos espacios pero Boujemaa también capta cómo Aida se enfrenta al rechazo de los vecinos en una tensa secuencia donde la directora saca un gran provecho al fuera de campo —seguramente porque no podría mostrar más rostros—; llega a dar la sensación de que la protagonista se enfrenta a toda la ciudad.

Boujemaa sigue a Aida durante un año y medio mientras ésta reflexiona sobre su vida e intenta salir adelante, siendo testigo el espectador del sufrimiento, la frustración, la resignación y momentos puntuales de alegrías, como cuando consigue un empleo que le permite compartir un piso o se reúne con sus hijos en la playa. Es un relato crudo, áspero, incómodo, una experiencia que no deja indiferente. Particularmente, encuentro inverosímiles algunas conversaciones y situaciones —no me creo que sean comportamientos auténticos delante de la cámara, me parece inevitable la recreación, la interpretación— y resulta molesto tanto primer plano para las dolorosas confesiones de la protagonista, pero la cineasta consigue involucrarte en la historia, de apenas 70 minutos.

Con el mal cuerpo que deja ‘It Was Better Tomorrow’ lo que apetece es una película divertida y optimista, una especie de refresco que anime durante un rato y haga olvidar las penas. ‘Beijing Flickers’ (‘You-Zhong’, 2012), nuevo trabajo del chino Zhang Yuan, es eso en cierta manera. Porque el director ofrecer un amargo retrato de la modernidad en su país, hablando de desencanto, de falta de valores, de inmoralidad y corrupción, de fama y dinero, de personas convertidas en mercancías de usar y tirar, de relaciones basadas en la conveniencia… pero Zhang siente cariño por sus protagonistas y no los va a dejar tirados, tendrán oportunidad de rebelarse, reírse del destino y atisbar una luz al final del túnel.

‘Beijing Flickers’ es una historia coral si bien la trama principal sigue a San Bao (Duan Bowen), cuya vida cambia drásticamente cuando lo pierde todo en poco tiempo: su novia lo deja, se queda en el paro y lo echan de su apartamento. No encuentra motivos para seguir viviendo hasta que descubre la verdadera amistad de otros tres jóvenes que también lo están pasando mal. La película es un entretenimiento irregular al que la localización y las intenciones del cineasta otorgan un punto extra de interés. La naturalidad del reparto, el ingenio en la puesta en escena de algunas situaciones —la venganza de la empleada— y la carga de optimismo mantienen a flote un relato lleno de tiempos muertos, subrayados y lugares comunes, que necesita a un público paciente y dispuesto a dejarse llevar sin poner muchas pegas.

miércoles, 12 de junio de 2013

Cines del Sur 2013 | 'Thy Womb' de Brillante Mendoza

Cartel de Thy Womb

Como os informé, anoche arrancó la séptima edición del Festival Internacional Cines del Sur, que este año lleva el título “Imágenes del Milenio” como recuerdo a los mil años del reino de Granada. Es un certamen pequeño, del que ya os hablé en 2010 cuando lo cubrí por primera vez, cuyo principal propósito es servir de escaparate para el cine de Asia, África y América Latina. Un objetivo loable que ofrece la posibilidad de ver películas que de otra manera pasarían desapercibidas, ampliando la oferta cultural de la ciudad.

Pero aquí no hay estrellas así que no hay demasiado interés mediático, y por muy atractivo que resulte ver trabajos de Kenia, Ecuador o China, en general la gente prefiere acercarse al multicines y ver la nueva secuela de alguna de sus franquicias favoritas. Es así, por desgracia. Y claro, la maldita crisis… Los recortes presupuestarios resultan evidentes al volver a Cines del Sur tres años después. No hay pases para la prensa, mi acreditación es genérica y el único material que tenemos es un programa que reparten al público y la información básica que aparece en la web oficial. Pero lo importante son las películas. La proyección de ‘Thy Womb’ (‘Sinapupunan’, Brillante Mendoza, 2012) fue el evento estrella de la inauguración en el Teatro isabel la Católica.

Una escena de Thy Womb

No es precisamente el film que yo habría elegido para abrir el certamen pero entiendo que se ha querido jugar la carta del cineasta de reconocido prestigio. Como sabréis, Brillante Mendoza es uno de los autores favoritos de un sector de la crítica —vosotros sabéis a cuál me refiero, esos elitistas que se relamen con cada palabra que escriben— y de los festivales de todo el mundo, destacando el premio a la mejor dirección en Cannes por ‘Kinatay’ (2009) —que yo pude ver en Sitges—. Por el factor exótico, un estilo que se acerca al documental —cargado de pureza, dirán algunos— y la aureola de gran creador, es un realizador que a mí de momento solo ha conseguido provocarme aburrimiento.

El autor no pudo acudir al evento pero nos dejó un vídeo en el que aparte de pedir disculpas aclaraba que ‘Thy Womb’ nació como un encargo que le había hecho el Consejo para el Desarrollo Cinematográfico de Filipinas con la intención de promocionar la provincia de Tawi-Tawi; él no estaba muy convencido de dirigirlo pero al visitar la zona quedó cautivado, y quiso rendir homenaje a las personas del lugar, que según contó, están consideradas como ciudadanos de segunda categoría en su país. Mendoza dedica una parte importante de la película a observar cómo es la vida en la región, como si se tratara de un reportaje sobre la cultura y las costumbres —marcadas por la pobreza y la religión musulmana— de unos pueblos que se quedaron estancados en el tiempo.

Thy Womb

Entonces, desde luego, hay imágenes hermosas —una toma submarina que capta a dos tiburones junto a una barca— y es interesante poder contemplar un modo de vida tan distinto al nuestro, pero hasta cierto punto. Por ejemplo: es muy curiosa la preparación y la celebración de una boda pero la cámara se entretiene tanto con los detalles, y los planos duran tanto tiempo, que lo que en un primer vistazo resulta llamativo pasa a resultar repetitivo y tedioso. Así con casi todo, la pesca diaria, la compra de un pañuelo, la venta de un motor —con un interminable recuento de billetes—… Mendoza busca capturar una realidad, situaciones auténticas, y con esa meta deja un par de escenas bastante desagradables: un parto natural y el degüello de una vaca.

¿Es necesario mostrar eso en la película? Probablemente no, como tampoco la forzada inclusión de tiroteos y militares en algunos instantes, pero supongo que va con la firma de este director, que si llega a nacer en otro país dudo mucho que su trabajo tuviese alguna relevancia. ‘Thy Womb’ mezcla este retrato documental con una trama de ficción escrita por Henry Burgos en la que una mujer —interpretada por la estrella filipina Nora Aunor— busca otra esposa a su marido ante la incapacidad de darle un hijo; su tragedia es aún mayor porque ejerce de comadrona. La trama queda apartada y se va diluyendo con el paso de los minutos hasta que deja de tener importancia y se olvida, si bien la actriz protagonista deja algunos momentos logrados y emocionantes.

Cines del Sur 2013 | 'Talgat', de Zhanna Issabayeva, y 'Jîn', de Reha Erdem

Una imagen de Talgat

La segunda jornada del Festival de Granada Cines del Sur me dejó dos imágenes significativas. La primera: salas casi vacías; tras el lleno de la sesión inaugural, que al parecer era gratis, no había problema alguno para elegir asiento y ver las siguientes películas de la sección oficial incluso llegando tarde —y tened en cuenta que hay prensa y jurado entre los asistentes—. La segunda: la presentación de los cineastas se sustituye por una lectura algo atropellada y nerviosa de quién dirige y sobre qué va el film —algo que personalmente encuentro molesto, sobre todo poco antes de que empiece la proyección—. Sin apenas público ni la presencia de los autores esto va por mal camino…

La primera sesión del día fue para una película de Kazajistán, ‘Talgat’ (2012), de la realizadora Zhanna Issabayeva. El título hace referencia a un chaval de 11 años, protagonista de una de esas historias que uno espera encontrar en un certamen de estas características; el escenario es una miserable zona de chabolas y casas prefabricadas —los suburbios de Almaty, la ciudad más poblada del país, donde nació la directora— y la familia de Talgat consume los días en medio de una terrible pobreza. A pesar de las circunstancias, el chico se las apaña para mantener la ilusión y la de su hermana de 6 años, al tiempo que protege a su tío, un hombre que sufre una discapacidad mental y que a fin de cuentas es como el hermano pequeño.

Una escena de la película Talgat de Zhanna Issabayeva

Pronto queda claro que Talgat es el auténtico cabeza de familia. Es quien se preocupa por los demás, quien va a trabajar —además de ir al colegio— mientras sus padres gastan las raquíticas ganancias en comprar tabaco y alcohol. Y por lo que se intuye —Talgat y sus amigos roban metal y se lo venden a un tipo gordo y vago— parece que su situación no es tan extraña en aquel lugar de niños luchadores y adultos rendidos. Issabayeva se preocupa en mostrar el día a día de sus personajes, la miseria y las dificultades, pero no se regodea en ello, no destaca el drama, al contrario, hay lugar para el optimismo y la comedia, dejando un relato más ligero y agradable de lo que puede parecer a simple vista.

El principal problema de ‘Talgat’ es lo que decía ayer sobre ‘Thy Womb’ (Brillante Mendoza, 2012), aburre que haya escenas tan largas con escasa información, que con un simple vistazo dejan de resultar interesantes. En este caso la cámara se detiene demasiado tanto en situaciones cotidianas como otras ya expuestas anteriormente, supongo que para dotar de realismo a la acción y los personajes, pero aportan poco o nada y acaba cansando por repetitivo. Sin duda, lo más destacable es el trabajo interpretativo, en especial el joven protagonista (Zhanibek Dinamzhan) y su tío (Kulushmek Kasimbekov), quien llega a parecer realmente discapacitado.


Cartel de Jîn

Al siguiente largometraje de la sección oficial que ocupó la jornada también creo que le sobra metraje —un mal muy extendido y no solo en propuestas de escaso presupuesto— pero en este caso es más disculpable o se tolera más fácilmente porque la historia de la protagonista está narrada con mayor talento, resulta realmente cautivadora y no agota tanto el paso de los minutos. ‘Jîn’ (2013) es el último trabajo del turco Reha Erdem y gira en torno a una muchacha de 17 años (Deniz Hasgüler), una guerrillera harta del conflicto bélico entre tucos y kurdos, que emprende una odisea para intentar volver a casa, adentrándose en bosques y montañas para evitar ser descubierta…

Erdem dota a su película de un encantador tono de cuento, convirtiendo a su protagonista en una especie de Caperucita Roja, con abuelita y “lobo” incluido. Tanto la naturaleza como los animales con los que se va cruzando la joven parecen intentar ayudarla a superar los peligros y los inconvenientes durante la dura travesía mientras la guerra —a veces invisible pero siempre presente con balazos y explosiones— lo va destruyendo todo y hombres violentos tratan de aprovecharse de la situación de los desamparados. La cuidada puesta en escena, la hermosa fotografía —de Florent Herry— y un inspirado uso de la música —compuesta por Hildur Gudnadottir, solo acompaña la acción en determinados momentos donde el entorno ejerce una poderosa influencia— logran crear una atmósfera envolvente para una apasionante aventura que recuerda al cine de Hayao Miyazaki.

Una imagen de la película Jîn