Social Icons

viernes, 21 de junio de 2013

Especial Paul Newman: 'Marcado por el odio' de Robert Wise

somebodyuptherelikesmef1

Tras hacer el ridículo en su debut cinematográfico, Paul Newman se hizo con un papel que era para James Dean, quien no pudo interpretarlo debido a su prematura muerte. Ambos actores salidos del Actor´s Studio, además de amigos, optaron a los mismos papeles en sus comienzos, y aunque sería curioso ver a Dean en el papel de Rocky, lo cierto es que no puedo imaginarme ya a otro actor que no sea Paul Newman en el personaje que le consagró. Realmente sorprendente, sobre todo si lo comparamos con su anterior trabajo, ejercicio que recomiendo para que todo aquel que quiera pueda apreciar las enormes diferencias de talento entre Paul Newman y sí mismo. Como suena.

El actor se pone por primera vez a las órdenes de un realizador como Robert Wise, que tras una carrera de montador, dejaba ya algunas películas importantes a sus espaldas, tal es el caso de ‘Ultimátum a la tierra’ (‘The Day the Earth Stood Still’, 1951) o, sin ir más lejos, un título a veces olvidado en el subgénero del boxeo, ‘Nadie puede vencerme’ (‘The Set-Up’, 1949) —en nuestro país se le conoce además con los títulos ‘Tongo’ y ‘Combate trucado‘—, un denso thriller con un inolvidable Robert Ryan ambientado en el corrupto mundo pugilístico que se decanta hacia el lado de Film Noir. ‘Marcado por el odio’ (‘Somebody Up There Likes Me’, 1956) se centra en el lado humano y personal de su personaje central.

somebodyuptherelikesmef3

Tomando como base la autobiografía de Rocky Graziano —campeón de los pesos medios en 1947— ‘Marcado por el odio’ se divide en dos partes cohesionadas con bastante pericia; la `primera se centra en la vida que lleva Rocky Barbella (Newman), la relación con su siempre comprensiva madre —Eileen Heckart consiguiendo ese raro milagro de hacer que veamos a un personaje y no una actriz interpretando un personaje— y con su rígido padre —Harold J. Stone, uno de los secundarios típicos de aquellos años—, abocado a la bebida por dar la espalda al sueño de su vida: ser boxeador profesional. La segunda intercala la relación con el personaje de Pier Angeli —la actriz ya había coincidido con Newman en ‘El cáliz de plata’ (‘The Silver Chalice’, Victor Saville, 1954)— con su ascenso en el boxeo. Lo cierto es que combates de boxeo, salvo el final por motivos lógicos, se ven muy pocos.

Pero es precisamente en ese detalle donde se ve la excelente mano de Wise para narrar con su dominio del montaje. Así el director refleja el éxito de Rocky en el boxeo con todo lo que le sucede en su vida personal. Baste señalar las escenas encadenadas de Barbella volviendo a casa después de boxear y acercándose a su hijo, el rostro de Rocky está cada vez más magullado, haciéndonos así una idea de cómo ha resultado el combate. Vida personal y deporte se unen y entrelazan como elementos inseparables que a la fuerza influyen el uno en el otro. Rocky pelea en la vida para conseguir lo que quiere de forma fácil aunque no legal, sobre el ring es él mismo con toda la fuerza de sus puños, y cuando lo desleal o ilegal hace acto de presencia, hace lo que hace en la vida cuando le ley le persigue, huir.

A Wise le quisieron imponer el filmar en decorados, pero cuando vio lo horribles que eran, o así lo pensaba él, solo los utilizó para determinadas secuencias de interiores y siempre oscuras. Para ello contó con la inestimable ayuda de Joseph Ruttenberg en la fotografía y gente como el mítico Cedric Gibbons —ganador de once Oscars y director artístico en más de 1.000 películas— en los decorados, mientras se atrevía con algunas secuencias filmadas en exteriores que apoyaban el tono realista que el film pretende en ciertos instantes. El cine estadounidense cambiaría considerablemente en la década siguiente, evitando el sistema de estudios que tanto se llevaba hasta entonces. ‘Marcado por el odio’ es una de las primeras muestras de ello.

somebodyuptherelikesmef2

Y si en su primera interpretación para el cine Paul Newman estaba más bien nefasto como hemos dicho, aquí aun con todos los tics del Actor´s Studio el actor está sensacional, libre, componiendo un personaje a su medida, que muestra al típico joven atormentado tan del gusto de los actores de método, con un control absoluto por parte de Newman, ese que no le permite pasarse de rosca ni un milímetro alcanzando aquello que muchos dicen que no existe y tal vez sea cierto, la perfección. Además de la fiereza mostrada en el combate final, filmado de forma impecable por Wise, el actor se luce cuando los sentimientos contradictorios inundan al personaje. Baste fijarse en la relación de Rocky con Norma (Angeli) en la que Newman refleja muy bien ese rechazo que en realidad es atracción.

El trabajo de un actor primerizo en estado de gracia —sin desmerecer al resto de intérpretes, que están impagables en un reparto en el que además podemos reconocer a un jovencísimo Steve McQueen— y un director con las ideas muy claras —esa envidiable y equilibrada mezcla de géneros— convierten ‘Marcado por el odio’ en uno de los films más influyentes dentro de su estilo. Tanto Sylvester Stallone —de Rocky Barbella a Rocky Balboa no hay muchos pasos— como Martin Scorsese la tuvieron muy presente para sus respectivas cintas sobre el deporte.

A partir de esta película la carrera de Paul Newman parece ir en consonancia con la última frase recitada en la misma y que no es otra que su título original.

Entrevista a Mirito Torreiro: "La crítica contemporánea reflexiona poco"

Escuchando a Mirito Torreiro

Casimiro Torreiro es conocido en especial por su labor como crítico de cine para El País y Fotogramas, donde firma como Mirito Torreiro. Profesor, ensayista, historiador, forma parte del comité de programación de los festivales de Málaga y de Cines del Sur, cuya última edición finalizó el pasado fin de semana. Como os conté, Torreiro se encargaba de presentar al público algunas de las películas, dando claves que facilitaban el visionado y el análisis, con una mezcla de sabiduría, humor y pasión. No habíamos hablado con él en Blogdecine así que aproveché su estancia en Granada para solicitar la entrevista que tenéis a continuación. Espero que os resulte una lectura amena e interesante.

Te he buscado en Twitter, hoy casi todos estamos metidos ahí, pero no lo usas, ¿verdad?

No. De las redes sociales me quedo con la posibilidad de recuperar el contacto con gente de mi pasado, pero me parece un instrumento muy invasivo. Invasivo de mi vida y de la vida de todo el mundo. Porque hay una obsesión por la actualidad. Por la actualidad, por lo que está pasando ahora, por lo más inmediato… Hay un proverbio que me gusta mencionar mucho: “Esto también pasará”. Entonces, como todo va a pasar, ¿qué prisa hay?

Esa prisa parece estar marcando la experiencia de ver cine. A mí me molesta cuando estoy viendo una película y noto que hay alguien pendiente del móvil, mirando el correo o tuiteando…
El móvil en el cine
Es algo que está pasando en todos los ámbitos. Hace poco estaba en clase y vi que una alumna estaba tomando notas en el ordenador y escribiendo en el móvil. Paré la clase para llamarle la atención y me dijo: “profe, no se preocupe, tengo abiertas ocho ventanas y puedo atender a todo”. Y yo pensé: no, no puedes. Porque tienes como todo el mundo una memoria funcional y una memoria profunda, y solo estás usando la funcional. Dentro de tres días ya se te habrá olvidado todo porque no estás prestando atención.

Como programador de festivales no tengo más remedio. Esas nubes que están ahí son como una herramienta de trabajo. Pero veo solo esas películas. No las bajo, no las copio, no participo del pirateo. No tengo ningún programa para descargar películas.

Una cuestión del llamado pirateo es que Internet nutre al amante del cine, permite el acceso a películas que no se encuentran de otra manera, no llegan a los cines ni se pueden comprar. ¿También te opones a estas descargas, a que se compartan esas películas?

No, no me opongo a compartir. Si alguien me quiere pasar una película por Internet no lo veo mal. Lo que veo mal es que haya páginas que se lucren de un trabajo ajeno que no pagan. Me parece terrible que se robe a los autores. Y los efectos los tenemos ahí delante, ha pasado con la música. Lo que me preocupa es que las descargas gratuitas puedan llevar a una desprofesionalización del cine.

En España se habla de crisis del sector, se cierran salas, preocupan las cifras de taquilla…

Creo que nos falta perspectiva. Estamos metidos en un progreso tecnológico que va a cambiar la manera de ver películas. Cuando yo empecé a escribir sobre cine, en el año 78, había un corpus más o menos homogéneo. En este momento, cada uno se prepara su propio programa, cada uno elige las películas que quiere ver… Ahora mismo hay blogs que hablan de películas que hasta hace cuatro días eran desconocidas, chavales de 20 años que han visto más cine japonés que un crítico en activo hasta los años 90 en toda su vida. Vamos en una dirección totalmente imprevisible, podemos ver películas en la tablet, en el móvil…

En medio de esta mutación, más que hablar de crisis del cine, quizá habría que hablar de crisis de un modelo de cine. Del cine tal como lo hemos conocido. Cuando Godard dijo hace tantos años aquello de “el cine ha muerto”, en su momento se pensó que era una tontería, pero era una verdad incontrovertible. Se terminó la sala de cine. Y lo que vemos son los últimos estertores. En los 90, Roman Gubern me dijo un día: “dedícate a otra cosa, deja la crítica, el cine se va a morir”.

No mucho. Pero Esteve Riambau, que estaba también allí, sí le hizo caso [risas]. Yo creo que hay formas diferentes de hacer crítica, como programar un festival. Tú haz lo que quieras pero yo, que sé un poco de esto, te propongo que veas estas películas. Y está bien que de vez en cuando exista la opción para las almas inquietas de acudir a la vieja costumbre de la sala comunitaria, las luces apagadas, ver las películas sentado junto a gente que no conoce… se establece un vínculo distinto a verlas en casa o en el ordenador.

Recientemente ha llamado la atención una charla que dieron Steven Spielberg y George Lucas en la que hablaron sobre el futuro próximo del cine. Fueron catastrofistas. Creen que habrá un colapso de superproducciones y cada vez se harán menos películas, que habrá menos cines y las entradas serán más caras, que propuestas arriesgadas comercialmente como ‘Lincoln’ acabarán en televisión…
Hollywood
El cine siempre se ha movido sobre lo mismo: propuestas intelectuales y de entretenimiento. Lo que cambian son conceptos. El cine de autor de ahora no tiene nada que ver con el cine de autor de los años 60 o 70. Almodóvar es un autor, y lo que hace es coger cosas de aquí y allá. No es Bergman. ¿Da cuenta de una manera de entender la realidad? Sí. En cuanto al futuro del cine, o si el cine está en peligro… No me preocupa. Antes del cine había otras formas de narrar. Y después habrá otras maneras. Antropológicamente, el hombre es un narrador de historias. Eso es inmutable. Otra cosa es que lo haga en un papiro o con una cámara de vídeo.

Si uno lee las memorias de Adolph Zukor, fundador de Paramount, no por casualidad tituladas ‘El público no se equivoca nunca’, se encontrará con algo que nunca llegó a producirse. Él llegó a concebir el cine como algo puramente sensorial, que iba a haber películas que se podrían oler y tocar… nunca llegó, y lo dijo uno de los tipos que mejor conocía el cine clásico de Hollywood. No sabemos qué traerá el futuro.

No sé cuánto tiempo tiene esa teoría de que las películas dejarían de contar con actores, que no harían falta, y hace años empezó la cantinela de que todo el cine será en 3D…

Es una tontería intentar predecir el futuro. Los seres humanos somos extraordinariamente paradójicos. Hasta hace cuatro días había locos que rodaban en 9,5, un formato paleolítico del cine, con la perforación en el medio. No me preocupa. Por otro lado, ellos piensan que Estados Unidos va a seguir siendo la primera potencia del mundo. Probablemente, en 30 años no sea ni una potencia de primer orden. Porque el centro de gravedad de la economía global se está desplazando. Entonces, ¿va a seguir siendo Hollywood la meca del cine cuando EE.UU. no sea la primera potencia? Nadie puede asegurar eso.

De vez en cuando reaparece el debate de la utilidad del crítico. Si es necesario o no. ¿Cuál crees que debe ser su función?

Un crítico es una voz. Una voz que forma su autoridad a partir de la coherencia. No podemos olvidar que el crítico es un intermediario, entre algo que propone una industria y un público. Debe ser honesto, y pensar que hay películas que no son para él. Debe advertir sobre lo nuevo, sobre lo que viene. También volver al pasado y poner el foco de atención sobre cosas que no se vieron bien. Volver a sacar a la luz viejas películas que habían pasado desapercibidas, o mirar de otra manera películas que solo se habían visto de un modo determinado.

Por otro lado, para mí, un crítico no debe esconder nunca desde donde habla. Desde qué apriorismo, desde qué ideología. Ideología de la vida, del cine… Igualmente debería ser alguien que tiene en la cabeza al menos la historia del lenguaje del cine. Que conoce las grandes tendencias lingüísticas. Que sabe por qué el documental no puede ser visto de la misma manera que el cine. Es alguien que domina la terminología. Que no hable del género documental, algo que a mí me pone de los nervios, es una categoría. Ese tipo de cosas. Y luego que se comunique bien, dependiendo del medio. Y sobre todo una persona que admita sus errores. Que diga: señores, lo siento, aquí me equivoqué. No abunda, ¿eh? [risas].

Es cierto, y no es raro volver a ver una película que disfrutaste hace años y descubrir que ha empeorado. O al revés. A veces cambia totalmente la percepción que tenemos de una obra.

El ejercicio de ver películas es siempre un ejercicio de volver atrás, de revisar. Dijo una vez José Luis Guerín: “Yo veo las películas pero ellas también me ven a mí”. Y tenía toda la razón del mundo, tú no eres quien fuiste cuando la viste. Eso crea una dinámica, una dialéctica totalmente distinta.

Ahí también entra el componente personal, algo a lo que se resisten muchos que escriben sobre cine…

Yo siempre digo una cosa: tened en cuenta que las películas nos hablan a todos de una manera diferente. Es imposible que una película le hable igual a todo el mundo. Tú la ves desde tu perspectiva, desde lo que sabes, desde tu experiencia… es imposible que veamos lo mismo. Y hay películas que las vuelves a ver y se caen. Es mejor no tocarlas. Quedarte con la idea que tuviste, con lo que te provocaron en su momento, y no volver sobre ellas. Pero también hay películas, y esto depende de tu perspicacia, de cómo te conozcas a ti mismo como espectador, que tienes que decirte: tengo que volver a verlas.

¿Algún título en especial que se te haya resistido?
Dvd de En el curso del tiempo
‘La aventura’, de Antonioni. Hasta que me gustó la tuve que ver ¡cinco veces! Me parecía un horror, hasta que de repente hubo algo que hizo clic, y no me podía creer que nunca la hubiera visto de ese modo. Una vez me pidieron un texto sobre ‘En el curso del tiempo’, de Wim Wenders. Yo tenía un problema con sus últimos trabajos, me aburrían mucho. Incluso películas que consideraba magistrales en su momento, como ‘El cielo sobre Berlín’, que me parece muy relamida, muy autoindulgente. Me puse a ver ‘En el curso del tiempo’ y dije “va a ser que Wenders siempre ha sido un tío vacuo”. Pero a la media hora estaba enganchado como la primera vez. Es una de las grandes películas que he visto en mi vida, una de las mejores de Wenders, si no la mejor… Volver a encontrar esa sensación es muy estimulante. Vale por diez películas malas o diez que al volver a verlas se te hayan caído.Esto me hace pensar en lo que decías al comienzo sobre la inmediatez y no prestar verdadera atención. He comprobado en festivales, incluso en uno como Cannes que es como un templo, el uso de móviles y portátiles durante las proyecciones, y nada más terminar los ya se están publicando comentarios en Twitter. Hay una necesidad de soltar la opinión al momento, hasta cuando no se tiene claro lo que se ha visto…

Yo creo que la crítica contemporánea está demasiado unida a las prisas. Reposa poco sus contenidos. Reflexiona poco, vuelve poco sobre lo que ha visto. Me refiero a la crítica convencional, no a la gente vive dentro de lo que se llaman las comunidades de usuarios. Por lo general, no sé por qué, me encuentro con gente mucho más reflexiva en el terreno del documental que en el de la ficción. Quizá porque requiere una actitud distinta frente al hecho fotográfico que la que tiene un espectador de cine normal, al estar el documental tocando la realidad, la cotidianidad, lo que vivimos… obliga a un determinado posicionamiento.

Entiendo que ocurra eso, hay una resistencia a ver documentales porque se asocian con algo denso, serio, y aparecen excusas como “yo voy al cine para entretenerme”.

A mí eso me parece bien, muy listo, vaya por delante, creo que se pierde una parte importante del cine y una parte importante de la vida, pero es su problema. La grandeza del cine tiene que ver con esto. Es un medio de crecimiento intelectual y un medio de entretenimiento. Lo que pasa es que el mayoritario es entretenimiento. Pero si alguien está cansado de trabajar, o está sin empleo y necesita evadirse, tiene todo el derecho del mundo a ver cualquier tontería, como una de esas comedias románticas cuya fórmulas de enganche del espectador eran viejas ya en el teatro romano. O sentarse a ver un partido de fútbol, que es lo que a mí más me relaja.

Lo curioso es que hay toda clase de documentales, los hay muy entretenidos. Y luego hay documentales que parecen ficción, o que juegan a recrearla…

Un año ganó en Cines del Sur ‘Jogo de Cena’, de Eduardo Coutinho, que me parece un documental modélico. Empieza con un casting para hacer un documental, dos ideas que en sí mismas son contrapuestas. Aparece una chica y empieza a contar su vida, pero hay algo raro, su última frase la recupera otra persona que sigue con la misma historia. Entonces te das cuenta, una es la mujer a la que le pasó y la otra es una actriz que lo interpreta. Lo que Coutinho pone sobre la mesa es: ¿qué es lo que hace viable una historia para el espectador? ¿Qué es más auténtico, la realidad o su reconstrucción? ¿A quién te crees más, a quien le ocurrió o a quien lo está representando? Es la historia del cine.

¿Puedes contar, a grandes rasgos, cómo es el proceso de selección para un festival como Cines del Sur?

Siempre hay un criterio de territorialidad. Tienes que intentar que las grandes zonas geográficas estén representadas. Ahí ya tenemos un primer corsé. Luego intentamos que sean películas que hablen de la realidad, de lo que está pasando en el mundo. No despreciamos el cine de género pero tenemos una especial predilección por el cine de autor. No porque sea el cine más propio de un festival sino porque es el menos socorrido por la distribución comercial, y con un certamen como Cines del Sur hay que tener en cuenta que se está programando un cine que nunca se va a exhibir comercialmente en esta ciudad, ni probablemente en España.

Carteles de las películas del festival de Granada Cines del Sur

¿Quieres hacer una valoración del comportamiento del público?

El festival se ha hecho en unas condiciones de precariedad tan grandes, que me parece sencillamente un milagro que exista. No tenemos dinero para poner información en el periódico. No tenemos dinero para publicidad en los autobuses o poner banderolas en las calles. En segundo lugar, que habiendo renunciado porque tenemos dinero, a una de las señas de identidad, que era proyectar cine gratis en la plaza de Las Pasiegas… que todavía haya público para un festival así, con películas raras, de directores y actores desconocidos, sobre temas bastante crudos, es un milagro. Mi valoración, por tanto, solo puede ser muy positiva.

Pinta mal entonces la edición del año que viene…

No, no, puedo confirmar que el festival el año que viene se hace. Ya estamos trabajando en él y todo va a funcionar mejor que este año.

Me alegra oír eso. ¿Hay alguna película que quisiste traer pero que al final no pudiste? Por dejarlas mencionadas y si el lector quiere buscarlas.

‘Avanti popolo’, de Michael Wahrmann, es muy peculiar. Y ‘Fill the Void’, de Rama Burshtein, se cayó a última hora por un problema con el formato.

Y para terminar, ¿algún título reciente que te haya sorprendido mucho? Al margen del festival, claro.

‘Mapa’, de León Siminiani. Me gustó muchísimo, es una de las grandes sorpresas cinematográficas de este año en España.

Rupert Sanders dirigirá 'The Kill List'

El director Rupert Sanders

Hace poco más de un año del estreno de ‘Blancanieves y la leyenda del cazador‘ (‘Snow White and the Huntsman’, 2012), primer largometraje de Rupert Sanders tras haberse centrado hasta entonces en el rodaje de spots televisivos. La película acabó convirtiéndose en un éxito comercial suficiente como para dar luz verde a una segunda entrega, pero Sanders no repetirá al frente de la misma. La que sí va a liderar es la adaptación cinematográfica de ‘The Kill List‘, la novela de Frederick Forsyth que no se publicará por primera vez hasta el próximo 20 de agosto.

No es la primera vez que una obra de Forsyth es llevada a la gran pantalla —’Chacal‘ (‘The Day of the Jackal’, Fred Zinnemann, 1973), ‘Odessa‘ (‘The Odessa File’, Ronald Neame, 1974) o ‘El cuarto protocolo‘ (‘The Fourth Protocol’, John Mackenzie, 1987)—, pero últimamente sus adaptaciones habían estado confinadas a anodinas producciones televisivas. En el caso de ‘The Kill List’, la historia girará alrededor de un antiguo marine que recibe la misión de acabar con un terrorista que está causando el caos a lo largo de todo el planeta. El problema añadido con el que tendrá que lidiar es que nadie sabe exactamente quién es.

El fichaje de Sanders llega apenas un mes después de que los productores se hicieran con los derechos de adaptación de la novela de Forsyth, y es que su intención es sacar adelante la película lo antes posible. Con esa idea en mente, están ya reuniéndose con varios guionistas para acelerar el proceso todo lo que esté en su mano. Las prisas no suelen ser buenas consejeras, pero ya veremos lo que sale de aquí.

Vía | Deadline

Anne Hathaway protagonizará 'The Lifeboat'

La actriz Anne Hathaway

En Hollywood hay que tener mucho cuidado a la hora de elegir las películas en las que vas a aparecer tras ganar un Oscar, ya que corres el peligro de acabar con tu recién adquirido prestigio al aparecer en demasiadas producciones comerciales de dudosa categoría o simplemente caer en el olvido si fichas por títulos que acaba no viendo nadie. Por suerte para nosotros, Anne Hathaway no ha caído en esos errores y está escogiendo con sumo cuidado sus proyectos tras ganar la estatuilla dorada por su participación en ‘Los miserables‘ (‘Les Miserables’, Tom Hooper, 2012), siendo ‘The Lifeboat‘ el último en haberse confirmado.

‘The Lifeboat’ será el salto a la gran pantalla de la novela homónima de Charlotte Rogan, cuya historia se centrará en Grace Winter, una mujer que está siendo juzgada por asesinato. La acción se sitúa en el año 1914 y el relato gira alrededor de sus recuerdos tras padecer los efectos de un naufragio. Ella y su marido consiguen escapar de la muerte a bordo de un bote salvavidas, pero el resto de supervivientes pronto empieza a debatir sobre el hecho de que son demasiados y quizá sería conveniente deshacerse de alguno de ellos.

Aún no hay director contratado para llevar a buen puerto el guión que ahora mismo está escribiendo William Broyles Jr., conocido por su participación en mayor o menor medida en los libretos de títulos como ‘Naúfrago‘ (‘Cast Away’, Robert Zemeckis, 2000), ‘Banderas de nuestros padres‘ (‘Flags of Our Fathers’, Clint Eastwood, 2006) o ‘El planeta de los simios‘ (‘Planet of the Apes’, Tim Burton, 2001). Hathaway también ejercerá como productora de la misma, una buena forma de garantizarse cierto poder sobre el resultado final de ‘The Lifeboat’.

Vía | Hollywood Reporter

'After Earth', la película

After earth

Dos varapalos seguidos eran una dura prueba para los seguidores de alguien a quien muchos habíamos considerado —y queremos seguir considerando— como un genio del séptimo arte. Pero, lejos de darnos por vencidos, aquellos que admiramos el asombroso hacer de M. Night Shyalaman tras el objetivo quisimos ver un halo de luz cuando el realizador anunció que su próximo proyecto sería ‘After Earth‘ (id, 2013), un filme de ciencia-ficción protagonizado por Will y Jaden Smith con el que el cineasta de Philadelphia intentaría congraciarse con el público.

Desgraciadamente, no ha sido así, y al descalabro en la taquilla americana que comentaba mi compañero Alberto hace un par de semanas, no han tardado en sumarse críticas que han echado por tierra la propuesta del director afirmando lindezas de todo tipo que han llevado a que acumule en Rotten Tomatoes un 11% o un 33% en Metacritic, valores nada esperanzadores de cara al estreno de la cinta el viernes que viene en nuestro país.

After Earth 1

Un aterrizaje de emergencia deja al joven Kitai Raige y a su padre Cypher atrapados en el planeta Tierra, 1.000 años después de que una serie de catastróficos eventos obligaran a la Humanidad a escapar de ella. Con Cypher herido de gravedad, Kitai deberá embarcarse en un peligroso viaje con el objetivo de mandar una señal de socorro, enfrentándose a un territorio desconocido, a nuevas especies de animales que ahora rigen el planeta y a una imparable criatura alienígena que se escapó durante el accidente. Padre e hijo tendrán que aprender a trabajar juntos y confiar el uno en el otro si quieren tener la oportunidad de regresar a casa.

After Earth 2

Tras unos titubeantes inicios que ahora casi nadie recuerda y que incluyen, por ejemplo, los créditos del guión de ‘Stuart Little‘ (id, Rob Minkoff, 1999), M. Night Shyalaman, un hindú de nacimiento criado en Philadelphia, daba la campanada con ‘El sexto sentido‘ (‘The sixth sense’, 1999) filme imitado hasta la saciedad con el que el cineasta demostraba ser poseedor de un portentoso sentido de la narrativa, rescatando ya aquí el espíritu ‘Twilight Zone‘ del que han hecho gala sus mejores producciones.

Tras la cinta de fantasmas, Shyamalan nos regalaría ‘El protegido‘ (‘Unbreakable’, 2000), su particular y magistral homenaje al mundo del cómic y primera muestra de la necesidad que desde entonces han acusado sus proyectos en lo que a revisión de los diálogos respecta. Dos años más tarde llegaría la que personalmente considero su obra maestra, ‘Señales‘ (‘Signs’, 2002), una cinta sobre la fe arropada en un relato de ciencia ficción que nos ofrecía una de las mejores interpretaciones que le hemos podido ver a Mel Gibson en toda su carrera.

After Earth 3

Con ‘El bosque‘ (‘The village’, 2004) y ‘La joven del agua‘ (‘Lady in the water’, 2006) como últimos ejemplos de lo que la magia de su cine era capaz de ofrecer, por más que la primera fuera una idea estirada en exceso y la segunda volviera a pecar de algunos diálogos muy ridículos, nada nos podía preparar, sobre todo por los magníficos tráilers que la precedieron, para lo que Shyamalan nos reservaba con ‘El incidente‘ (‘The happening’, 2008).

De gran e impactante arranque, la cinta adolecía de unas interpretaciones lamentables —horrible Zooey Deschanel— y de un guión que no iba a ninguna parte, más o menos lo mismo que se podía decir de su siguiente filme, la olvidable ‘Airbender, el último guerrero‘ (‘The last airbender’, 2010), una producción de lo que sólo me atrevería a destacar la magnífica banda sonora de James Newton Howard.

After earth 4

La verdad es que, a estas alturas, poco se puede decir de Will Smith que no se haya dicho ya de mil maneras diferentes: megaestrella que pocas veces se ha equivocado en sus elecciones —aunque las veces que lo ha hecho, como es el caso que nos ocupa, ha sido de forma gargantuesca— el actor afroamericano viene aquí acompañado de Jaden, su hijo de quince años al que vimos hace dostres en el remake de ‘The karate kid‘ (id, Harald Zwart) y con el que ya compartió cartel en la buenista ‘En busca de la felicidad‘ (‘The pursuit of happiness’, Gabriele Muccino, 2006).

Al lado de ellos, en papeles de poca relevancia dado el protagonismo casi absoluto de padre e hijo, Sophie Okonedo, la que fuera nominada por la magnífica ‘Hotel Rwanda‘ (id, Terry George, 2004), Zoë Kravitz, a la que vimos hace un par de años en ‘X-men, primera generación‘ (‘X-men: first class’, Matthew Vaughn) o ese eterno secundario que es Glenn Morshower.

(Haz click en una imagen para ampliarla)

'El hombre de acero', aceptable reinvención del mito

Imagen con el cartel de 'El hombre de acero'

Hace apenas siete años del último largometraje en acción real que quiso revitalizar la importancia de Superman en el séptimo arte, pero ‘Superman Returns’ (id, Bryan Singer, 2006) sufrió una acogida tan gélida por parte del público que en Warner están haciendo todo que está en su mano por ignorar su existencia durante la campaña promocional de ‘El hombre de acero’ (‘Man of Steel’, Zack Snyder, 2013). Es una decisión bastante injusta —está muy lejos de ser el peor acercamiento cinematográfico al personaje—, pero comprensible si tenemos en cuenta la necesidad de minimizar riesgos de cara a conseguir cuantiosos beneficios de su inversión de 225 millones de dólares.

Todo aquel que me conozca un poco sabe que tengo muy poco aprecio hacia el personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster. Las peculiaridades detrás de su identidad humana —¿de verdad esperan que aceptemos que solamente con ponerse gafas ya nadie va a reconocerle?— tienen mucha importancia en ello, pero el exceso de poderes que tiene y lo ridículo que puede acabar siendo su talón de aquiles también tienen mucho peso. Entre eso y la escasa confianza como director que me transmite Zack Snyder —su mejor trabajo sigue siendo su ópera prima—, no tenía demasiadas esperanzas depositadas en ‘El hombre de acero’, pero al final, pese a sus claras limitaciones, he disfrutado más de lo que esperaba.

Henry Cavill es Superman

Mucho se ha hablado de la implicación de Christopher Nolan en ‘El hombre de acero’, quizá esperando que el regreso de Superman —correcto Henry Cavill— se acercase a la reciente trilogía sobre Batman, pero sobre todo haciendo una comparativa en base a la idea de que Zack Snyder no tenía capacidad de decisión alguna. Dejando de lado apuntes públicos como su oposición inicial a la escena final —¿Por qué cambiaría de idea cuando es una secuencia casi insultante que odié con todo mi corazón?—, es cierto que en ‘El hombre de acero’ se palpa mayor interés por los personajes de lo que suele ser habitual en el cine de Snyder y una intensidad dramática ocasional que puede inducir a dar más importancia a la presencia de Nolan de la que realmente tiene.

Estaba claro que en Warner no iban a dejar que Zack Snyder hiciera de las suyas tras el merecido batacazo económico de ‘Sucker Punch’ (id, 2011) —y sus dos cintas previas tampoco respondieron a las expectativas creadas—, algo que le ha forzado a no poder ser la estrella de ‘El hombre de acero’ y tener que esforzarse por ser el miembro importante de un equipo y no el líder al que nadie puede discutir. Eso sí, estoy convencido de que ‘Superman Returns’ no funcionó en taquilla porque era demasiado continuista con lo que ya nos había ofrecido Richard Donner casi treinta años antes, por lo que ‘El hombre de acero’ tarda bien poco en desmarcarse creando una nueva mitología alrededor del personaje y reduciendo al máximo la importancia de Clark Kent, su disfraz humano.

Kevin Costner es el padre de Clark Kent

El antagonismo entre Superman y Zod —impecable Michael Shannon— se alimenta ya desde el notable prólogo, pero David S. Goyer se enfrentaba al reto de replantear los orígenes de Superman más allá del acierto de prescindir de Lex Luthor como el archienemigo por excelencia del superhéroe —y añadir infinidad de referencias para que ‘El hombre de acero’ sea la base sobre la que se asienten las posteriores adaptaciones de superhéroes de DC—. Para ello prescinde del avance cronológico de los hechos, dejando la infancia y adolescencia de Clark limitada a momentos clave en su desarrollo personal que son introducidos a través de breves pero efectivos flashbacks.

La fluidez entre los saltos temporales puede llegar a resultar discutible en un par de ocasiones, pero Snyder articula la narración con inesperada solvencia para que el espectador conecte con los protagonistas —gran trabajo el de Kevin Costner y Russell Crowe en este aspecto, aunque el segundo quizá aparezca más de lo necesario— al mismo tiempo que la historia va avanzando con pequeños trompicones, pero nada especialmente molesto. Todo ello sin echar a mano al uso desmedido de frases grandilocuentes —hay una escena clave, uno de los mejores momentos de ‘El hombre de acero’, que se resuelve con un simple gesto— o explayándose más de la cuenta en detalles que sólo servirían para dar más cancha a las inevitables comparaciones con ‘Superman’ (id, Richard Donner, 1978). Eso sí, los excesos no tardan en aparecer por otro lado.

Imagen de 'El hombre de acero'

La épica es algo a lo que muchas películas aspiran y muy pocas consiguen, ya que cada vez está más extendida la idea de que para lograrla basta con inundar el relato con explosiones y la destrucción de edificios o monumentos emblemáticos. Lo cierto es que lo aparatoso tiende a ser un enemigo natural de la épica, más proclive a aparecer en el ansiado enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre los dos protagonistas o en una arenga para motivar a las tropas a darlo todo en una inminente batalla.

Por desgracia, ‘El hombre de acero’ apuesta por la moda actual y eso no sólo acaba aniquilando toda su épica, sino que termina convirtiendo a la segunda mitad del relato en una experiencia agotadora en la que uno simplemente desea que el desenlace llegue lo antes posible. Snyder ya había incidido en las posibilidades de la película como gran espectáculo durante la primera hora de metraje —la potente pero innecesaria secuencia con Cavill ejerciendo de improbable pescador—, pero, normalmente, con una relativa mesura que hacía mucho bien a las posibilidades dramáticas del relato, esas que se van de vacaciones durante la orgía de destrucción en la que acaba convirtiéndose.

Amy Adams y Henry Cavill en 'El hombre de acero'

La vorágine de efectos visuales está, eso sí, perfectamente integrada —y en ningún momento tiende a la confusión, un error habitual en estos casos—, mientras que Hans Zimmer ha compuesto una banda sonora sin un gran tema como la que tenía la de John Williams para la cinta de Richard Donner, pero que encaja como un guante para los objetivos de ruptura continuista de ‘El hombre de acero’ sin, como le ha pasado en no pocas ocasiones, inspirarse en exceso en trabajos suyos previos.

Son detalles a tener en cuenta, pero insuficientes para evitar que la película descarrile en lo emocional, ya que los personajes pasan a ser meros elementos de decoración —eficaz pero desaprovechada Amy Adams— o figuras golpeándose entre sí y destrozando todo a su paso. Tímida es la mejora cuando se enfrentan Superman y Zod, ya que el dilema moral que plantea el segundo —no deja de ser un guerrero cuya existencia se basa únicamente en la necesidad de la supervivencia de Krypton— debería haberse desarrollado más y mejor con anterioridad —las batallas con sus lacayos son demasiado extensas para lo que aportan— para conseguir el impacto buscado.

Michael Shannon es Zod

Es una pena que ‘El hombre de acero’ acabe convirtiéndose en una sucesión de escenas de acción redundantes entre sí con la errónea idea de que así iba a ser un espectáculo épico que nos tuviera en tensión en nuestras butacas. Hay varios aciertos, especialmente en su valentía a la hora de reinventar el mito de Superman, pero el bagaje final no va más allá de lo meramente aceptable.

'Free birds', tráiler de lo nuevo de Jimmy Hayward

Quizás su nombre no os suene, pero si os digo que Jimmy Hayward fue el perpetrador de ‘Jonah Hex‘ (id, 2010) es más que probable que os quite todas las ganas siquiera de darle al play para ver el tráiler que encabeza esta entrada. Alejándose por completo del esperpento que fue la “adaptación” del cómic de DC, Hayward nos traerá a finales de año una apuesta animada que en la versión original contará con las voces de Owen Wilson y Woody Harrelson.

Inicialmente titulada ‘Turkeys’ y finalmente bautizada como ‘Free birds‘, la cinta —que obviamente también llegará en 3D a aquellos cines donde se proyecte en tal formato— sigue a dos pavos que para acabar de una vez por todas con el Día de Acción de Gracias viajarán al pasado lejano, concretamente a 1621, para evitar que la “salvaje tradición” norteamericana termine acabando con la vida de millones de sus congéneres a lo largo de los siglos. Quizá la animación no sea nada del otro mundo, pero la idea de la producción, muy en la onda de ¿matarías a Hitler si viajaras al pasado? puede resultar simpática. Ya veremos.

Vía | Bleeding Cool